diumenge, 15 de setembre de 2013

LAS AMISTADES PELIGROSAS

DE CHODERLOS DE LACLOS
( FRANCIA 1741-1803 )






CARTA CLII


La marquesa de Merteuil al vizconde de Valmond



            Ponga vmd . cuidado, vizconde, y haga vmd. más atención a mi extrema timidez. ¿Como quiere vmd. que yo soporte la idea fatal de haber incurrido en su indignación, y sobre todo que no sucumba al temor de su venganza ?Tanto más que, como vmd. sabe, si me hicieses vmd. una vileza, me seria imposible devolvérsela. Por más que yo hablase, la existencia de vmd. no sería ni menos brillante, ni menos pacífica. ¿En suma, qué tendría vmd. que temer ? Verse obligado a partir, si le dejaban tiempo. Pero ¿ no puede vivirse como aquí en país estranjero ? Y, todo calculado, con tal que la corte de Francia dejase a cmd. tranquilo en aquella en aquella en que se fijase, no sería eso para vmd sino mudar el teatro de sus triunfos. Después de haber procurado volver a vmd. su sangre fría con estas consideraciones morales, volvamos a nuestro asunto.
               ¿Sabe vmd., vizconde, por que no he vuelto a casarme ? no es, ciertamente, por no haber hallado partidos ventajosos; sino únicamente porque nadie tenga derecho a criticar mis acciones. No porque temiese no hacer entonces mi voluntad, pues siempre hubiera acabado por ello ; sino porque me hubiera incomodado la sola idea de que alguno hubieses tenido derecho de quejarse; y en fin, porque quería engañar siempre por gusto y no por necesidad. ¡ Y ahora, he aqui que me escribe vmd. la carta más marital que puede verse ! No me habla vmd.  en ella sino de faltas por parte mía, y todo bueno por la suya. Pero ¡cómo puede faltarse a alguno a quien nada se debe ? No lo comprendo.
              Veamos, ¿de que se trata ?. Ha encontrado vmd a Danceny en mi casa, y esto le ha disgustado. Enhorabuena ; pero ¿ qué ha podido vmd. inferir en ello ? O que era efecto de un acaso, como yo le decía; o de mi voluntad , lo que no decía yo. En el primer caso la carta de vmd. era injusta; en el segundo ridícula: ¡por cierto, valía la pena escribir !Per está vmd. celoso, y los celosos no razonan, pues bien , voy a hacerlo por vmd.
              O vmd tiene un rival, o no lo tiene. Si lo tiene , es menester agradar para verse preferido a él. Si no lo tiene es menester agradar igualmente para evitar tenerlo. En ambos casos la conducta debe ser la misma: asi pues, ¿porque atormentarse ?; y, sobre todo, ¿porque atormentarme ? ¿No sabe vmd. ya ser más amable que todos ?¿No está vmd. ya seguro de triunfar ?Vamos , vamos, vizconde; vmd mismo se perjudica. Pero no es eso, es que., a los ojos de vmd, no quiero yo que se tome tanta pena. Desea vmd menos experimentar mis bondades, que abusar de su propio imperio.Vay, es vmd. un ingrato. Creo que cuanto voy diciendo, prueba sensibilidad; y por poco que continuase, esta carta podría llegar a ser muy tierna; pero vmd no lo merece.
                    Ni menos merece vmd. que yo me justifique. Par castigarle por sus celos quiero que los conserve; por eso nada responderé ni sobre la época de mi regreso, ni sobre las visitas de Danceny. se ha tomado usted mucho trabajo para averiguar uno y otro,¿ no es verdad ? ¿Y está vmd. más adelantado ? Deseo que en ello haya vmd. encontrado mucho placer ; en cuanto a mí, éste no ha dañado al mío.
                     Todo lo que puedo responder a la carta de amenazas que me ha escrito vmd., es que no ha tenido el don de agradarme , ni el poder de infundirme miedo, y que en este momento no estoy, de manera ninguna dispuesta a vmd. lo que pide.
                En realidad, aceptar a vmd hoy, tal cual se muestra, sería hacerle una verdadera infidelidad. no sería reconciliarme con mi antiguo amante, sino tomar uno nuevo, que ciertamente no vale el otro, ni con mucho. No he olvidado bastante el primero, para engañarme así. El Valmont que yo quería era adorable, y aún debo convenir en que jamás he visto un hombre más amable. ¡Ah! Si le haya vmd. , vizconde, tráigamelo; que aquél será siempre bien recibido.
                    Prevéngale vmd., sin embargo, que en ningún caso podría recibirle ni hoy ni mañana. Su Ménechmo le ha perjudicado un poco, y y apresureándome, temería equivocarme; o tal vez es por que  a dado palabra a Danency por estos dos días, y la carta de vmd. me hace ver que no se chancea cuando se falta a lo prometido. Ya ve vmd., puesd, que es preciso esperar.
                         ¿ Pero qué importa avmd ? Bien se vengará de su rival; éste no hará, ala querid de usted, nada que vmd. no haga a la suya, y en fin, ¡una mujer no vale lo mismo que otra ? Estos son los principios que vmd tiene. Aun aquella que fuese tierna y sensible, que no existiese sino para vmd. , que muriese en fin de amor o de pesar, no sería menos sacrificio a la primera fantasía, al temor de una burla momentánea; ¿y quiere vmd que los demás se incomoden?¡Oh! Eso es demasiado injusto.
                                   Adios , vizconde; vuelva vmd a ser amable. Mire vmd., nada deseo más que eso; y desde el momento en que este cierta de ello, me enpeño en darle pruebas. Realmente soy demasiado buena.

                                París, a 4 de diciembre de 17...