dimecres, 28 de novembre de 2012

CÓMO DESCUBRIMOS EL YUCATÁN ( ¿ Historia o apología del genocidio ?)



CAPITULO II
DE
LA VERDADERA HISTORIA DE LA CONQUISTA DE NUEVA ESPAÑA
de
Bernal Díaz del Castillo
( Medina del Campo, h.1449/Guatemala, h.1580 )



detalle del mapa
de
Nicolás Sanso
(1657 )






En ocho día del mes de febrero del año mill y quinientos y diez y siete salimos de La Habana, del puerto de Axaruco, que está en la banda del norte, y en doce días doblamos la punta de santo Antón, que por otro nombre en la Isla de Cuba se llama Tierra de los Gunahayataveyes, que son unos indios como salvajes. Y doblada aquella punta y puestos en alta mar, navegamos a nuestra ventura hacia donde se pone el sol, sin saber bajos ni corrientes ni qué vientos suelen señorear en aquella altura, con gran riesgo de nuestras personas, poque en aquella sazón nos vino una tromenta que duró dos días con sus noches, y fue tal que estuvimos para nos perder, , y desque abonanzó, siguiendo nuestra navegación, pasados veinte e un días que habíamos salido del puerto, vimos tierra, de que nos alegramos y dimos muchas gracias a Dios por ello.La cual tierra jamás se había descubierto ni se había tenido noticía della hasta entonces, y desde los navíos vimos un gran pueblo que , al paecer, estaría de la costa dos leguas, y viendo que era gran población  y no habíamos visto en la isla de Cuba ni en la Española pueblo tan grande, le pusimos por nombre el Gran Cairo. Y acordamos que con los dos navíos de menos porte se acercasen lo más que pudiesen  a la costa para ver si  habría fondo para que pudiésemos anclar junto atierra; y una mañana que fueron cuatro de marzo, vimos venir diez canoas muy grandes  , que se dicen piraguas , llenas de indios naturales de aquella poblazón, y venía a remo y vela. Son canoas hechas  a manera de artesas, y son grandes y de maderos y cavados de harte que estan huecos, y todas son de un madero y hay muchas ellas en que caben cuarenta indios.
                 Quiero volver ami materia. Llegados los indios con las diez canoas cerca de nuestros navíos, con señas de paz que les hicimos, y llamándoles con las manosy capeando para que no nos viesen a hablar, porque entonces no teníamos lenguas  que entendiesen la del Yucatán y mexicana, sin temor ninguno vinieron, y entraron el la nao capitana sobre treinta dellos, y le dimaos a cada uno dellos un sartalejo de cuentas verdes, y estuvieron mirando por un buen rato los navíos. Y  el más principal dellos, que era cacique, dijo por señas que se querían tornar con sus canoas y irse a su pueblo; que para otro día volverían y taerían más canoas en que saltásemos en tierra. Y venían  estos indios vestidos con camisetas de algodón como jaquetas, y cubiertas sus vergüenzas con unas mantas angostas, que entre ellos llaman masteles, y tuvímoslos por hombres de más razón que a los indios de  cuba con las verguenzas de fuera , eceto las mujeres , que traán hasta los muslos unas ropas de algodón, que llaman naguas.
                    Volvamos a nuestro cuento. Otro día por la mañanavolvió el mismo cacique a nuestros navíos y trujo doce canoas grandes, ya he dicho que se dicen piraguas, con indios remeros, y dijo por señas con muyt alegre cara y muestras de paz, que fuésemos a su pueblo y que nos darían comida y lo que hobiésemos de menester, y que en aquells canoas podíamos saltar en tierra; entonces estaba diciendo en su lengua: ' Cones cotohe, cones cotoche ?, que quiera decir : Andat acá, a mis casas. Por esta causa pusimos nombre a esta tierra Punta Cotoche, y ansí esta en las cartas de marear. Pues viendo nuestro capitán y todos los demás soldados los muchos halagos que nos hacía aquel cacique, fue acordado que sacásemos nuestros bateles de los navíos y en el uno de los más pequeños y en las doce canoas saltásemos en tierra todos en una vez, porque vimos la costa toda llena de indios que se habían juntado de aquella población; y ansísalimos todos de la primera barcada. Y cuando el cacique nos vio en tierra y que no íbamos a su pueblo, dijo otra vez por señas al capitán que fuésemos con él a sus casas, y tantas muestras de paz hacía, que, tomando el capitán consejo para ello, acordóse por todos los más soldados que con el mejor recaudo de armas que pudiésemos llevar fuésemos. Y llevamos quince  ballestas y diez escopetas, y comenzamos a caminar por donde el cacique iba con otros m uchos indios que le acompañaban. E yendo desta manera, cerca de unos montes breñosos comenzó a dar voces el cacique para que saliesen a nosotros unos escuadrones de guerra que tenía en celada para nos matar; y a las voces que dio, los escuadrones vinieron con gran furia y presteza y nos comenzaron a flechar de arte que  de la primera rociada de flechas nos hirieron quince soldados, y traán armas de algodón que les daba a las rodilas, y lanzas, y rodelas, y arcos, y flechas , y hondas, y mucha piedra, y con sus penachos, y luego, tras las flechas, se vinieron a juntar con nosotros pie con pie, y con las lanzas amanteniente nos hacían mucho mal. Más quiso Dios  que luego les hicimos huir, como conoscieron el buen cortar de nuestras espadas y de las ballestas y escopetas; por manera que quedaron muertos quince dellos.Y un poco más adelante donde nos dieron aquella refriega estaba una placeta y tres casas de cal y canto que eran cues y adoratorios donde tenían muchos ídolos  de barro,unos como caras de demonios, y otros como d mujeres, y otros de otras malas figuras, de manera que , al parecer, estaban haciendo sodomías los unos indios con los otros, y dentro, en las casas, tenían unas arquillas chicas de madera y en ellas otros idolos, y unas patenillas de medio oro y lo más cobre, y unos pinjantes, y tres diademas, y otras pecezuelas de pescadillos y ánades de la tierra, y todo de oro bajo. Y desque lo hobimos visto, ansí el oro como las casas de cal y canto, estábamos muy contentos porque habíamos descubierto tal tierra.; porque en aquel tiempo ni era descubierto el Perú  ni aun se descubrió de ahí a veinte años. Y cuando estábamos batallando con los indios, el clérigo González que iba con nosotros , se cargó de las arquillas de ídolos y oro, y lo llevó al navío.Y en aquellas escaramuzas prendimos dos indios, que después que se bautizaron se llamó el uno Julián y el otro Melchior, y entrambos eran tratabados de los ojos. Y acabado aquel rebato nos volvimos a los navíos y seguimos la costa adelante descubriendo hacia do se pone el sol, y después de curados los heridos dimos velas. Y lo que más pasó adelante lo diré.



*


asi
n
empieza en uno de sus capítulos
la 
azarosa  y increíble
aventura de la conquista 
de México
explicada por los 
vencedores
con aterradora
ingenuidad
por
Bernal
Díaz
del Castillo


*
de la edición
de
12.X.1955
la Colección Austral
de
la
Editorial Calpe
Madrid
España

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