dissabte, 11 de maig de 2013

ARGEL vista por Yasmina Khadra.







Hay días en Argel en que el cielo y el mar se ponen de acuerdo para inspirar un increíble sentimiento de plenitud. Hasta la cama de Neptuno está azul, y un sol chistoso y rebelde se las apaña para rehabilitar el verano en pleno corazón del invierno. De todos los soles de la tierra, el nuestro es el único al que le salen esos juegos malabares.
       Todo parece sosegado. Se oyen los pájaros piando y el susurro del viento en los árboles.
El aire trae festivas tufaradas de calor y delicados olores. Apetece adormecerse y no volver a despertar.
       No hay duda, el paraíso es de Dios. En cuanto al infierno, procede de los hombres.
     !Que bonita es esta blanca ciudad cuando el horizonte esta tan límpido que se puede distinguir un roble de un algarrobo des de leguas a la redonda ! Si no fuera por esos incongruentes atentados y esta colonia de iluminados que apolillan las calles y las mentes, no hay  maravilla que pudiera compararse  con Argel.
       Desde el balcón me entrego al ensueño, contemplo la casbah agarrada a su arrecife par librarse de las redadas durante las mareas bajas, Bab el Ued que recuerda un cuartel en día de permiso y, más abajo, el puerto parecido a una barra de taberna donde se despachan  los sobornos por arrobas. 
       En esta tierra nuestra, aunque no todo lo que brilla es oro, no por eso deja de fascinar....
           

 (....



     
...)


      Miro a Argel  y Argel mira al mar. Esta ciudad ya no siente emociones. Es el desencanto a más no poder. Ha dado al traste con sus símbolos. Su historia, forzada a pasar a la reserva dobla el espinazo y sus monumentos se van encogiendo,
       Argel vive la hora de las ideas fijas. Sus trovadores han dejado de cantar. Allá donde esté su musa, está lleva puesto un bozal. Sus manos huérfanas, más bien dos veces que una- primero por la flauta que desafina, luego por la pluma que asesinan- ya no saben tomarle el pulso a la tierra como lo hacían antaño, cuándo bebíamos en la fuente del duende.
         Argel es un desazón, los sueños revientan como si fueran un absceso. Argel es un moridero. Dios hace las veces de sedante, ya nadie quier creer que la felicidad es una cuestión de mentalidad. Argel es un drama itinerante. Sus amaneceres no tendrán más miramientos con ese espectro indeciso que el que tienen los chacales con su congénere que flaquea.
           (...) A lo lejos más allá del puerto erizado de grúas lastimeras, el Maqam se olvida de sí mismo sobre su colina, como si fuera un chicarrón algo retrasado.Veo la casbah crucificada por el perjurio,como si fuera el caparazón de un saltamontes  atormentado por las hormigas.Los tiempos han cambiado.



...)



párrafos
sacados
del
libro
Morituri
de
Yasmina Khadra

*

traducción
del 
francés
al 
castellano 
de
Wenceslao Carlos Lozano

*

editorial
Almuzara

*
Sant Andreu de la Barca
Barcelona

2005

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