diumenge, 10 de maig de 2015

...de tierra y aire y agua y.....






EXPERIENCIA DE SOMBRA Y MÚSICA

( Homenaje a Haendel )

José Hierro





No era la música divina
de las esferas. Era otra
humana : de aire y agua y fuego .
Era una música sin hora
y sin memoria. Carne y sangre
sin final ni principio . Bóyeda
de alondras nocturnas. Panal
de llamas en las cumbres remotas.

     Perfectamente lo recuerdo.
Luminosos, por gracia y obra
del misterio. Transfigurado
de eternidad y fiebre y sombra.
Era una música imposible
como un ser vivo. Prodigiosa
como un presente, eternizado
en su cenit. Oí sus ondas.
candentes. Rocé con mis dedos
la palpitación de su forma.

    Aquí principia el tiempo. Urna
de luna, cárcel de aroma.
Es ya todo celestemente
material. Suenan, venas-violas, 
trompas - nostalgias, corazones-
claveles-oboes.... ¿Quien desboja
las subterránea luz, los números
armoniosos ? ¿Que cuerda roban 
vida a lo mudo, melodía 
a la carne, beso a las bocas ?
Vidrio de siglos de la fuente
de donde toda mudez brota.
¿Tú también , hija mía, música,
tú también ... ?
                            Águila, corona
errabunda, ¿ tú también ? Mágica,
solitaria, majestuosa,
arriba, inmóvil, ¿reinas, riges
la noche ?.....Y bajas a la roca
donde la carne prometea
sufre sus viejas sedes nómadas.
Y hundes el pico en sus entrañas ,
la atormentas hasta que implora.

        De tierra y aire y agua y fuego
y carne y sangre ... Prodigiosa
como un presente eternamente
presente . Bebes gota a gota
las estrellas sonoras; sorbo
a sorbo, todo lo soñado: 
el Universo. Ya no importa
morir, hacernos eco tuyo.
La muerte rompe con su proa
la tristeza , tú eres su estela:
pulverizada luz. Ahondas
en el alma: la haces más alma;
en la carne helada: la tornas
primaveral, la vistes de alma,
encadenándola atu órbita.


    No era la música celeste
de las esferas. Era cosa 
de nuestro mundo. Era la muerte
en movimiento. Era la sombra 
de la muerte. Paralizaba 
la vida al borde de la aurora.
        
         Y, de pronto, se oye el silencio.
Todo recobra su luz propia.
La carne -- oía nuestra carne--,
vuelve a ser piedra, cárcel, fosa.
Hundí mis manos de diamante
entre las pálidas corolas.
Alcé las crestas de las aguas
hasta el reino de las gaviotas.
Manos que habían recorrido
muchos kilómetros de las olas.
Que habían sido,  un sólo instante, 
boca ardiendo contra otra boca.
Que habían sido vida,y eran
nube y ceniza en la memoria.

       Jirón fatal de la belleza,
sólo queda llorar a solas.
Pero ya sin lágrimas, ya
sin palabras, las misteriosas
que dicen aquello que ocultan
callan aquello que pregonan.
Sin transparencia si se miran.
De granito cuando se tocan.

Jirón fatal de la belleza.
Imposible cuando se nombra.
Sobre la escarcha de la música
pétalo a pétalo se agosta.
Arcos de plumas la arrebatan....

    Y la noche, de nuevo, cobra
su realidad de  de ruinas pálidas
bajo la luz de las antorchas .


Cuanto sé de mi
1957

José Hierro

Madrid 
1922
2002















foto
 Madueño







imagen

del
Triomphe de la Divine Providence
                          Pierre de cortone 

Palazzo Barberini
Roma



Let the Bright Seraphin
 Haendel
So. :
Kiri Te Kanawa



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